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Tiempo de derribar y tiempo de edificar


El resumen de estas palabras puede ser esa imagen donde aparecen unos lápices desgastados y uno perfectamente afilado, que dice: "Es fácil lucir perfecto cuando no has hecho nada". Y es que me resulta difícil mostrar los desaciertos, los defectos, los errores o los problemas que se presentan pero es importante hacerlo, decir lo que he aprendido y qué sale de todo esto.


Me he tomado un descanso de varios meses con respecto a Ediciones Madriguera, porque en estos momentos estoy construyendo un nuevo proyecto de vida y por supuesto esta editorial forma parte de eso. Transitando esa etapa de crisálida, encerrándome en mí mismo para salir transformado en algo distinto.
No hemos publicado nada nuevo desde el 03 de noviembre del año pasado y me permito comunicar lo que ocurrió en los meses previos a la parada forzosa de esta editorial artesanal. Parada que me ha dejado con algunos libros en distintas etapas del proceso de elaboración.
El año pasado fue un año vertiginoso y cargado de emociones. Victorias que nos levantaron en varias oportunidades y derrotas significativas, no solo para nuestro proyecto sino también para el país, donde se agudizó la crisis económica.
Justo en medio, el taller comenzó a sufrir bajas importantes. Primero nuestras impresoras a color se averiaron hacia mediados de año, dejando algunos libros sin posibilidad de cubiertas a color, y obligándonos a explorar otras posibilidades arrojando cubiertas igualmente hermosas como las del libro “Antología sin descanso” de María Alejandra Rendón, las cuales fueron pintadas a mano por Jenifeer en los días previos a la Filven en Caracas.
Por otra parte, las impresoras monocromáticas fueron quedando fuera de servicio desde comienzos del año, sobreviviendo al final sólo una, que ahora me acompaña y con la cual espero terminar los libros que están en proceso.
Y finalmente la relación familiar que daba motivo a este emprendimiento también hizo aguas hacia fin de año. Y es necesario que lo mencione porque fue un factor determinante al momento de emprender este proyecto y era uno de sus valores más resaltantes y conocidos.
Ante este escenario me he dedicado a estudiar las diversas posibilidades de dar continuidad al mismo y buscar alternativas para volver al trabajo. Por lo pronto encontré necesario mudarme a la ciudad de Mérida, mi ciudad natal, para hacer recuento de lo que hemos avanzado, lo que hemos aprendido y hasta dónde es posible continuar haciendo el trabajo, además con la posibilidad de encontrarme con otras experiencias que puedan enriquecer más mi panorama y mis conocimientos.
Logramos hacer libros impresionantes por su volumen para una editorial de estas características, sin embargo eso también nos generó un desgaste significativo en lo físico y lo técnico. Las impresoras cumplieron su ciclo de vida más rápido y fue imposible realizar mantenimientos ajustados al uso excesivo que le dimos.
Aprendí entonces que los límites pueden encerrarnos e impedirnos vivir experiencias edificantes, transgredirlos es una muestra de valentía, entusiasmo y de aquello que podemos lograr con nuestro propio esfuerzo y determinación; pero también están para mantenernos seguros y en algunos momentos es preferible no rebasarlos.
No supe leer el momento y me dejé llevar por la pasión de estar haciendo lo que me gusta. Entonces no entendí que estaba en medio de una crisis y que en ese momento no era oportuno transgredir los límites, como un barco en medio de la tormenta que maniobra en función de la tormenta que lo abrasa. 
Es un déjà vu releer el Eclesiastés para comenzar diciendo que “todo tiene su tiempo”. Pero lo cierto es que ya viene siendo el tiempo de volver al trabajo.
Por esta razón comienzo esta nueva etapa humanizando mis metas, es decir, teniendo muy claro a donde deseo llegar pero entendiendo que debo avanzar acorde a mis posibilidades. Construyendo propuestas que no me generen tal desgaste y me permitan continuar a pasos de ser humano.
De igual forma, “publicar en medio de la crisis” al principio lo sentía y lo vivía como una misión épica, una épica de la esperanza, ahora lo entiendo como una oportunidad de aprender desde el quehacer de las cosas pequeñas, hechas con esfuerzo, atender los detalles, experimentar más en forma y fondo que en tamaño o cantidad.
Porque eso también nos lo exige esta crisis donde las cosas pequeñas nos cuestan más y requieren mayor fuerza, desde preparar una comida que antes sólo requería pensar en lo que queríamos y hoy en cambio es necesario armonizar toda la economía familiar para conseguirla, hasta publicar un libro en PDF y repartirlo entre amigos cuando antes podríamos haberlo impreso por cuenta propia contando sólo con nuestro sueldo de maestro.
Y sobre este principio construyo las nuevas propuestas que iré mostrando con Ediciones Madriguera, Madriguera Revista Literaria o simplemente desde mi blog personal. Sobre este y sobre aquellos que dan continuidad a lo que soy como individuo con conciencia del otro, como diría un amigo.
Para finalizar agradezco a quienes nos han acompañado durante este tiempo, para quienes apostaron y apuestan por esta propuesta. También nos sucedieron cosas grandiosas en estos años, el Premio Nacional del Libro para Madriguera Revista Literaria fue una de ellas, y sólo fue posible gracias a nuestros autores y amigos.
Gracias infinitas.

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