El Hombre y la Piedra Pintada


Mgs. Sc. Camilo Morón
CIAAP-UNEFM

“Lo inimaginable es por ley inconcebible”
J. M. Cruxent
“Hay que afrontar las muchas consecuencias de la verdad.”
J. M. Cruxent



José María Cruxent amó entrañablemente esta Tierra de Gracia. Llegado a nuestro país tras concluir la Guerra Civil Española, donde combatió al lado de las tropas republicanas en el frente de Teruel, bien pronto se dedica a enfrentar una nueva lucha que habrá de llevarle a lo más profundo del corazón de su nueva Patria, profundamente en la geografía y en el tiempo, y así se compromete a rescatar para todos y cada uno de los venezolanos el eco esencial de nuestro pasado, la presencia perenne de nuestras raíces, la vigencia de nuestro acervo entrañable.

Hablar de la Arqueología y la Antropología en Venezuela específicamente y en América más generalmente, es hablar de José María Cruxent; su nombre está ligado estrechamente al alba científica de estas disciplinas en nuestra tierra y otras tierras americanas como Panamá, Jamaica, Brasil y República Dominicana.

Para el jurado calificador del Premio Nacional de Ciencias de 1987, la contribución del profesor José María Cruxent se transparenta en “una amplia y constante trayectoria de científico, investigador y docente; sus contribuciones en el ámbito de la arqueología y de la antropología; por la continuidad del esfuerzo creador en el marco de las Ciencias Sociales y Humanísticas; por su contribución pionera en la en la creación de instituciones científicas de investigación y docencia; por su presencia generosa en la formación de varias generaciones de científicos e investigadores y por el amplio esfuerzo de integrar conocimientos provenientes de distintas ramas de la ciencia.” Por su parte, Cruxent dedicó el Premio Nacional de Ciencia al Estado Falcón, como un generoso reconocimiento a la tierra que tanto le había brindado: “En mi carrera –dijo en aquella ocasión–, la mayor satisfacción la he encontrado en los años de mis investigaciones en territorio falconiano. Me he hecho en Falcón. Se lo debo a esta tierra. Verdaderamente, porque yo soy un provinciano y por retrueque el premio pertenece a Falcón, a su Universidad y a los corianos.” Palabras merecedoras del corazón de un hombre ardientemente enamorado de esta Tierra de Gracia. 

Conviene que destaquemos el rasgo más singular de las inquietudes científicas de Cruxent: su sentido estético. Sin duda, el gusto por el dato, por el informe científico, por la descripción exacta, presentes están en sus trabajos; empero, sus inquietudes artísticas, incluso filosóficas, son fibra permanente en su obra. Su perseverancia aguda y tenaz se patenta en el estudio atento de nuestro pasado más remoto y de su lenguaje artístico, en su ser prístino y esencial. La obra capital de Cruxent, en co-autoría con Irving Rouse, arqueólogo de la Universidad de Yale, intitulada Arqueología Cronológica de Venezuela, publicada por primera vez en 1958, va de la mano de ese sentido genuinamente artístico y científico. Se trata de una obra clásica, de consulta obligada en los estudios de la venezolanidad.

Conviene que destaquemos el rasgo más singular de las inquietudes científicas de Cruxent: su sentido estético. Sin duda, el gusto por el dato, por el informe científico, por la descripción exacta, presentes están en sus trabajos; empero, sus inquietudes artísticas, incluso filosóficas, son fibra permanente en su obra. Su perseverancia aguda y tenaz se patenta en el estudio atento de nuestro pasado más remoto y de su lenguaje artístico, en su ser prístino y esencial. La obra capital de Cruxent, en co-autoría con Irving Rouse, arqueólogo de la Universidad de Yale, intitulada Arqueología Cronológica de Venezuela, publicada por primera vez en 1958, va de la mano de ese sentido genuinamente artístico y científico. Se trata de una obra clásica, de consulta obligada en los estudios de la venezolanidad.

Como pintor, Cruxent formó parte de la avanzada del impresionismo abstracto en nuestro país, dándole un impulso vigoroso. Alrededor del año 1960, participó en la fundación del movimiento informalista, con el grupo celebérrimo “El Techo de la Ballena”, en alianza con Carlos Contramaestre, Juan Astorga, Juan Calzadilla, entre otros nombres destacados. El nombre de Cruxent es para la plástica venezolana sinónimo de audacia, compromiso y lealtad para con lo telúrico de nuestra tierra y nuestro pueblo.

Para decirlo con las palabras de Cruxent: “Me encuentro bien cuando mi pintura logra escapar a toda definición técnica y estética. Sé que ella es el medio del que se sirve una fuerza impetuosa, interna, para revelar lo desconocido de una realidad cotidiana. Experimento la sensación de libertad de algo que me tiene inquieto noche y día; la obra que estoy gestando debo hacerla, es una inefable fatalidad. En mi intimidad vivo lo bello y lo horrible del mundo externo y siento profundamente mi vida interior, pero no me basta. Nada tan de verdad para un artista como tener la esperanza loca de captar un reflejo visible de su embrujamiento para plasmarlo en su obra.” Y en otro lugar: “Mi experiencia me ha convencido que uno de los más fuertes símbolos de la Libertad es el Arte, que siempre es futuro, constante evolución y desligamiento… Creo que el Arte debe ser un recurso o un medio que olvidó su objetivo. Su propia esencia, que es liberación, no admite coacciones. Tiene que llegar puro a todos los hombres, y, muy especialmente, a esos seres esclavizados por tendencias que les conducen tan sólo hacia objetivos materiales, razonables, prácticos y seguros.

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