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Yolvi Cauro: nueva poesía del estado Portuguesa



Yolvi Efrain Cauro es un joven poeta del estado Portuguesa, que llegó a nuestra editorial atraído por nuestra actividad en las redes sociales. Trabajó por algunos años como animador cultural en la especialidad de Literatura, dictando talleres de creación y apreciación literaria, pertenece al “Taller Experimental de Literatura”, organización dedicada a la promoción literaria en el estado Portuguesa.
Nos cuenta sobre su labor como escritor y su libro "La muerte constante", publicado por nuestra editorial en el año 2017.

Hasta ahora, tengo escrito tres libros de poesía y una compilación de escritores de mi estado con sus breves notas y su prólogo, todos están inéditos, este último libro es intitulado “Arquetipos y Esplendores” es un verso de Borges que nos recuerda a la teoría de Carl Jung y sus arquetipos, pero la antología en sí se basa en un recorrido cronológico de escritores que nacieron en mi estado, desde 1910 hasta la actualidad.
El libro es un largo poema escrito en sonetos, donde toca el tema del alcohol y la muerte, el ser que se entrega a la bebida por causa de la pérdida de un amor o de muchas personas que han estado en mi vida.
El libro dialoga con todos, pero dialoga más con los artistas, con los poetas, con algún que otro que se sienta identificado con este tipo de poesía. 


I

En nombre de Dionisos o de Baco
en la barra del bar, en cada puerto...
un hombre yace solo, es decir, muerto
haciéndole a su vida un favor flaco.
Mi rostro, más que gris, se ha vuelto opaco,
el mundo ayer de luz y a cielo abierto
se ha vuelto de repente un mundo incierto
y frágil como el humo del tabaco.
Bebo por no sufrir, sufriendo bebo,
calientes rones y cervezas frías
que al alma la sepultan como nieve.
Y al ritmo de esas vagas melodías
me empeño en olvidar lo que no debo,
rodeado de miserias y agonías.


II

Mis muertos siguen sufriendo el dolor de la vida en mí
Antonio Porchia

Y bebo y vivo tanto como trago,
tragándome a mí mismo en el empeño;
en ese olvido atroz, sin Dios ni dueño,
que no consigo hallar por más que pago.
La niebla en torno al bar donde naufrago
de místico licor, buscando un sueño,
se densifica más y me hago leño
flotando a la deriva del estrago.
La amputación del sol sin rumbo onírico,
-tras calles que vomitan la opulencia-.
Estamos muertos, como el texto lírico.
Muertos como el latín y el esperanto.
Muertos como la luz y la demencia.
Muertos de risa. ¡Dios! Muertos de llanto.


III

En esta barra sufro la borrasca
sentimental, la pena, el mal augurio...
Aquí las maldiciones y el perjurio
se arremolinan como la hojarasca.
Esta es mi madriguera, mi tugurio.
Aquí quiero yacer, en esta tasca
donde, cuando el desánimo se enfrasca
en desmoralizarme, yo lo injurio.
Quiero yacer decúbito supino
en esta fonda sin alegorías
donde pasé de lord a libertino.
Y quiero en mi epitafio estas grafías:
“Aquí descansa un múltiplo del vino,
entre nacencias y postrimerías.”


VII

Mis vidas de color resplandeciente
pintadas de alegrías y festejos
se esconden allá lejos, allá lejos,
en un pozo olvidado de mi mente.
Están detrás del mar de lava ardiente
en la cara interior de los espejos
donde solo los niños y los viejos
han logrado cruzar por accidente.
De este hueco del mundo en el que exhalo
suspiros y vapores, con la bulla
no encuentro de los dioses un regalo
divino que esta angustia la diluya.
Y en este triste lodo en que resbalo
melodiosa la muerte nos arrulla.


XIV

A punto ya de vomitar miserias
sobre miserias voy en esta noche.
Y no me vendas ruedas, que este coche
fúnebre se recorre las arterias
como si la razón o las bacterias
asfaltasen su carne en un reproche
de luz azul y pútrida: un desmoche,
una mutilación de antimaterias.
Pues ¿Para qué pensar cuando beber
ocupa ese lugar que es menester
del alma en una arcada de espejismos?
¿Para qué, pues, vivir si mi placer
es darme a la botella y solo ser
750 mililitros?