Cuento de Joan Camargo


Imagen: Hanoi Martínez León
El paso del silencio
De Joan Camargo 


Por aquel camino de piedras, que discurría bajo los árboles, venía una carreta, que tirada por un solo caballo era conducida por un regordete granjero. Era blanco el animal que arrastraba la pesada carga, que se componía de tomates, cebollas, frutas, papas, harina y sal, dispuestos éstos en sacos muy bien atados, todo esto sin contar los 80 kilos del conductor. 

El calor a esta hora de la mañana se hacía insoportable, por lo que el granjero sudaba copiosamente a pesar del sombrero blanco amplio de alas que llevaba, la franela blanca de algodón estaba empapada y qué decir de los pantalones grises que traía puestos sujetados por tirantes. Venía oyendo aquel conductor los ruidos del bosque mientras transitaba aquel camino y pensaba en la importante misión que le habían encomendado, la cual consistía en atravesar el bosque con su carga y llegar a la aldea de San Vicente para suministrar los alimentos a los aldeanos. 

A simple vista la tarea no parecía tan dura, de hecho resultaba más bien tonta, estaban en plena cosecha y en aquella fértil aldea nunca escasearon los alimentos antes, pero para ese entonces deambulaban por el bosque unos bandidos que asaltaban y despojaban de sus pertenencias a quienes recorrían el camino real, de manera que los mercaderes quienes necesariamente debían utilizar el peligroso camino se encontraban aterrorizados, puesto que todos al menos una vez ya habían sido asaltados. 

Desde luego, si los ladrones fuesen gente común tal vez ya los habrían atrapado, pero estos malhechores tenían una particularidad, eran simplemente invisibles, los mercaderes afirmaban que en ningún momento habían sido enfrentados, sólo veían y oían cosas agradables y extrañas, como si soñaran despiertos y cuando volvían en si mismos era cuando notaban que no tenían sus pertenencias y sin tener el menor rastro de los malhechores regresaban a casa. 

El granjero se dirigía a aquella aldea haciendo gala de valentía. Por ser de reconocida fortaleza le fue encomendado guiar el transporte para proporcionar algunos alimentos a los asolados aldeanos, ya que los sucesivos robos destruyeron la economía de aquella población, en tanto que aquel robusto conductor se encontraba desempeñando su tarea en soledad, en virtud de que no hubo un solo hombre además de él que mostrara el suficiente coraje como para pretender acompañarle. 

Cuando se encontraba a medio camino de la aldea notó algo extraño, no se oía ningún canto, ningún ruido, sólo el crujir de las ruedas sobre las piedras y los pasos del caballo. Cruzó frente a la carreta de pronto una sombra, como la que proyecta un ave cuando vuela sobre algún tejado, pero por más que el granjero observó el cielo en busca del autor de aquella sombra no pudo encontrar nada. 

Comenzó entonces en el bosque a oírse un canto hermoso, que denotaba una extraña melodía, lo hacía sentir relajado, tranquilo, feliz, se sentía tan bien que soltó las riendas del caballo, el animal también se encontraba sumamente atraído por este canto, se enfiló a buscar la fuente de aquel canto como lo hacen las mariposas cuando encuentran frente a sí un camino de aromas que las conducen hacia las flores que las esperan. 

Caballo y carreta abandonaron el camino de piedra y se internaron en el bosque por un sendero olvidado, pasaron sobre ramas, charcos, arbustos, dejando atrás todos los obstáculos en su empecinado avance, empujados por una enceguecedora fuerza que hacía que lo único que les importara fuese encontrar la fuente de aquel canto. 

De pronto el canto cesó, caballo y conductor reaccionaron y despertaron de aquel letargo en el que se encontraban, la tranquilidad que sentían se disipó y al observar notaron que estaban en medio de un claro en lo profundo del bosque, y frente a ellos como a cinco metros se hallaba una laguna de agua negra, frente a ellos sobre el césped que cubría la distancia que los separaba del agua vieron atravesar una delgada sombra y en tanto que buscaban el origen de la misma, el agua de la laguna comenzó a agitarse, creándose espirales que demostraban la existencia de un remolino en el centro de la misma. 

El granjero comenzó a ver luces enceguecedoras, primero fue una luz blanca, luego roja, luego violeta, azul, naranja y entonces se sintió algo extraño. Se encontró de pronto corriendo junto a sus amigos de la infancia en un hermoso prado bajo un cielo azul, y ganando la carrera se zambullo de pronto en una laguna, se sumergió y al salir se encontró frente a una hermosa playa, con una blanquísima arena, sobre la cual fue a calentarse, se quitó entonces la empapada franela, los zapatos y se recostó bajo el cálido sol. 

Se levantó entonces y comenzó a bailar, a dar vueltas y colocó la mano extendida al frente, sin saber cómo se encontró bailando junto a sus amigos en medio de una fiesta, vestido con sus mejores galas, cantando y riendo hasta más no poder, bailando con gran maestría la cadenciosa música. Se sentó en una mesa, bebía cerveza, fumaba, saludaba a los amigos, sonreía y se sentía tremendamente feliz. Alguien lo tomó del brazo y lo llevó a la puerta, cuando esta se abrió, la luz le encegueció por lo que cubrió sus ojos para aclarar la vista y al recuperar la visión se encontró en medio del bosque parado justamente sobre el camino de piedra en ropa interior completamente bañado en sudor y junto a él en las mismas condiciones de consternación se encontraba el blanco caballo. 

En el pueblo del granjero se presentó un gran alboroto, se perdió la valiosa carga, la carreta y hasta la ropa del héroe, lo único bueno de aquella fracasada odisea fue que por lo menos a aquel corpulento granjero le habían dejado el caballo para volver. Hubo una convocatoria general en la plaza principal, el rector, los ediles, el maestro, el cura y los representantes de las familias más pudientes se encontraban allí, también el populacho, el del almacén, los granjeros, todos discutían y proponían algunas soluciones. El alguacil por ejemplo propuso que debía dirigirse al bosque una comisión para apresar a aquel forajido que asolaba a los viajeros, comenzó a nombrar a todos los varones que estaban allí presentes: -Saúl ¿vendrás tú con nosotros a apresar a estos malhechores?- oferta que el buen Saúl declinó diciendo: -Quisiera hacerlo alguacil, mas no puedo descuidar mis obligaciones, lo lamento en verdad mas no puedo ir con ustedes- y así, uno a uno de los nombrados fueron eludiendo la responsabilidad argumentando cualquier cosa. Ésta era pues la situación en aquella comarca cuando un forastero que pasaba por allí, se detuvo a contemplar aquella escena, el alguacil en vista de que las estrategias para llamar a la valerosidad y caballerosidad de los presentes no funcionaba, apeló entonces a su codicia ofreciendo una recompensa, aclarando la garganta dijo: -Dos mil reales entregaré a quienes me traigan a los ladrones que azotan el camino real- Se generó entonces un murmullo general y en vista de que nadie terminaba por enrolarse en la peligrosa empresa el extranjero que allí se encontraba levantó la mano y gritó entre lo profundo de la multitud: -Si me proporcionan un caballo y una carreta, yo capturaré a esos bandidos. 

El alguacil meditó la petición por unos instantes y luego deliberó en voz baja con los demás personajes que se encontraban junto a él en la plataforma de madera que hacía de tarima en aquella plaza y entonces, después de un rato señaló: si le proporcionamos estas cosas que usted solicita, señor, díganos ¿cómo podremos tener seguridad que usted no se marchará con ellas dejándonos embaucados y aún a merced de los ladrones?- a esto el extranjero respondió: -Tenéis mi palabra- El alguacil esbozando una sonrisa continuó diciendo: -No sé mi amigo cómo es en su pueblo, pero en este la palabra de un desconocido no tiene mayor peso que la semilla de un diente de león arrastrada por el viento -entonces agregó- se requiere para que accedamos a tu petición que alguien se ofrezca como fiador de los bienes que solicitas ¿conoce usted a alguien que se ofrezca como responsable de estos bienes?- el extranjero se encogió de hombros y se disponía a marcharse sin replicar nada cuando de entre la multitud se levantó una mano y esto le detuvo. Surgió una voz diciendo: -yo me haré responsable de los bienes que se le proporcionen al extranjero, si este conviene ante todos ustedes por testigos que de atrapar a los malhechores y ganar la recompensa obtendré la mitad -se volvió el extranjero y dijo sin poder ver a aquel que hizo el ofrecimiento: -Juro por Dios, por mi sangre y por mi alma delante de todo este pueblo que de ganar la recompensa entregaré a aquel que sin conocerme se ofreció a ser mi fiador- 

De entre la multitud surgió un joven rubio, no mayor de dieciocho años, con el cabello largo, vestido de granjero y el rostro bañado en codicia, y comenzó a avanzar hacia la tarima en donde se encontraban los principales del pueblo. Cuando estuvo frente a ellos les dijo: -Proporcionadle al extranjero lo que pide, ofrezco mi granja en garantía, pero quiero que sepan que como no soy confiado he de ir con él a acompañarle y así ganaré la mitad de la recompensa muy a la justicia, porque junto a él expondré mi pellejo. 

Aquella muestra de valentía despertó gran algarabía, les fue dado lo solicitado y ambos, granjero y extranjero se sentaron lado a lado, sin siquiera darse la mano, no había tiempo para presentaciones, ambos tenían una recompensa qué ganar, comenzaron a andar y antes de salir del pueblo el extranjero detuvo la carreta diciendo al granjero: -Un momento, me faltan unas cosas más que llevar, buscó en la taberna la botella de vino tinto más oscura que vio, y compró en la acera del mercado una bola de cera, montando de nuevo el vehículo de madera le dijo al granjero: -Por cierto ¿cómo te llamas?- a lo que el chico contestó: -Diego de Montalba- y luego, devolviendo la cortesía preguntó él : -¿Y cuál es su nombre señor?- a lo que el extranjero respondió sonriendo :-Diego, los peregrinos no arrastran nombres cuando andan-. 

Salieron de aquel pueblo y tomaron el camino real, lo siguieron alrededor de veinte minutos expectantes ante lo que se avecinaba, entonces rompieron el silencio, el extranjero preguntó a diego: -¿A qué altura del camino se encuentra el punto donde atacan los asaltantes?- a lo que el joven granjero contestó :- En el paso del silencio-, -vaya- continuó el extranjero: -¿Por qué lo llaman así?-, a lo que el chico respondió:-Porque, aunque no se sabe cómo, el silencio reina en esa parte del camino-, -Ahora tenemos que elaborar un plan para detener a estos malhechores- afirmó el extranjero y continuó- debemos considerar lo que conocemos de estos malhechores para poder usarlo a nuestro favor-, ante esta aseveración el granjero señaló: -No sabemos cómo son, ni qué hacen, en realidad no sabemos nada, lo único que relatan los testigos es un canto que oyeron y unas luces-, -es cierto- dijo el extranjero y continuó: - es por ello que debemos hacer un experimento, para conocer la forma que operan estos individuos, así que cuando lleguemos al paso del silencio me ocultaré en el bosque para observar qué sucede mientras continuas con la carreta-. 

Ante esta idea, el valor del granjero se esfumó y disfrazó su temor diciendo:- Pero, deberíamos continuar juntos, que tal si me hieren, o si se dan cuenta de la treta y terminan por asesinarnos -, al oír esto el extranjero lo tranquilizó diciendo:- amigo mío, cuidaré de ti, recuerda nadie pagará mi recompensa si no vuelvo con mi fiador-, de manera que a regañadientes el granjero cumplió con lo convenido. 

Al percibir el silencio, el extranjero se bajó de la carreta y fue avanzando oculto por el bosque siguiendo la carreta, separado de ella a una distancia de unos cien metros, de pronto vio cómo sobre la carreta planeaba una extraña ave como de metro y medio de alto, plumas negras, pico ancho como el de una cigüeña, amarillo en las patas y alas, unos ojos anchos también amarillos y que proyectaba una sombra recta, que pasó frente a la carreta, se posó en una gruesa rama y comenzó a emitir un dulce canto. 

El extranjero, al comenzar a oír este canto recordó lo narrado por los asaltados y tomó rápidamente de una especie de mochila que llevaba terciada al hombro una bola de cera que había comprado al salir el pueblo, tomó dos trozos y se los colocó herméticamente en los oídos. 

Pudo ver cómo carreta y conductor se detenían, en tanto que el ave emprendía el vuelo y se desplazaba hacia lo profundo del bosque, el conductor granjero desvió la carreta hacia la dirección en que cantaba el pájaro, tomando para ello un sendero cubierto de ramas, el caballo que se encontraba como en trance tiraba de la carreta, seguía aquel canto sin oír absolutamente nada más. El extranjero que se mantenía oculto, veía cómo en un obstinado esfuerzo, el caballo hacia pasar la carreta por encima de palos y piedras, subyugaba arbustos y derribaba ramas hasta que llegaron a un claro en donde se encontraba una negra laguna 

Al llegar a este punto se detuvieron, en tanto que la negra ave fue a posarse a un lado de la laguna, en un alto árbol, cesó el canto y con una horrorosa y chillona voz, grito:- ¡Emoc! !Emoc!-, mientras que granjero y caballo daban muestras de despertar del trance, al ver que esto acontecía el extranjero optó por retirar la cera de sus oídos, de manera que pudo escuchar la chillona voz diciendo:- ¡Emoc, despierta!-. 

Comenzó a oírse un burbujeo, en tanto que el centro de la laguna se estremecía, al ver esto el ave se elevó e inició nuevamente un planeo en círculos sobre la carreta, surgió entonces del centro de la laguna una cabeza, de un color entre verde y azulado, era una abominable visión, una monstruosa figura de ojos grandes y amarillos, con la boca grande, similar a la de un sapo, pero sin verrugas, con una piel cubierta de escamas, pero lo más extraño era que en medio de la frente, justo en medio de donde deberían ir la cejas si de un humano se tratara, el monstruo tenía un tercer ojo, que despedía unos rayos, un haz de luz, que iban a dar justo en los ojos del granjero. 

Aquellos rayos tenían tal potencia que tal vez habrían caído en los ojos del extranjero a no ser que él, al ver esta extraña luz, recordó el relato de los asaltantes y buscó en su bolsa rápidamente una botella de vino que colocó frente a sus ojos , de manera que la botella retenía aquella extraña luz. 
El granjero por su parte se encontró muy feliz, corriendo junto a sus amigos de la infancia y observando una extraña cueva frente a ellos, corría para llegar primero. Lo que veía el extranjero a través de su botella de vino era algo muy distinto, veía al granjero riendo como loco corriendo directamente hasta la laguna, lo vio correr hasta que entró en ella, mientras tanto justo en ese momento el granjero se veía a si mismo entrando a la cueva, y cuando entró por completo en ella se encontró sumergido en un cálido mar, salió de allí para tomar aire, y al ver una hermosa playa salió hacia ella y se sentó en la arena. 

Mientras tanto, el extranjero veía como el granjero salía a la superficie de la laguna y luego se encaminaba empapado hacia la orilla, y cada vez que podía, el monstruo posaba su luz sobre el rostro del granjero, este se quitó la camisa y el pantalón y luego comenzó a danzar y a reír para sorpresa del extranjero, lo que aquel hombre tras la botella no sabía era que el granjero se veía esta vez bailando en una fiesta, los amigos que estaban con él le pedían que les llevara unas cestas hasta sus mesas, de manera que les ayudó cargándolas hasta donde se lo pedían. 

El extranjero vio como dos de los tres cestos que llevaba la carreta eran trasladados por el granjero hasta el centro de la laguna, junto al ser del que sólo se veía la cabeza, y fue en ese momento cuando vio al pájaro descender del árbol en que se encontraba y tomar el tercer cesto que llevaba la carreta con las patas y levantarlo a las alturas. 

En ese punto de aquella grotesca situación, el extranjero se decidió a actuar y comenzó a avanzar muy cautelosamente hasta que estuvo a unos dos metros del claro, entonces tomó una rama seca y la arrojó junto a la carreta, aquel extraño acontecimiento atrajo la atención del pájaro, el cual bajo del alto árbol en donde se encontraba devorando el contenido de la cesta, de modo que planeando bajo se posó sobre la orilla de la laguna y exploraba con sus negros ojos los alrededores en busca del causante de aquel sonido. 

En tanto que todo esto acontecía el granjero se veía sentado a una mesa disfrutando de una deliciosa bebida, cuando en realidad se encontraba sentado sobre la maleza del claro con el rayo de luz sobre sus ojos, el extranjero colocó de nuevo sobre sus oídos dos trozos más de cera, temiendo que el ave al verlo comenzara a cantar y sacando de su mochila un trozo de metal comenzó a frotarlo con su ropa con la intención de pulirlo, estuvo en esto alrededor de cinco minutos luego de los cuales salió intempestivamente de su escondite y con la velocidad de un flecha se acercó hasta el granjero deteniéndose junto a él. 
Colocó el pulido metal frente a los ojos del granjero, el metal era suficientemente largo como para cubrir los ojos del granjero pero con el ancho justo como para que el extranjero lo sostuviera sin dificultades con una sola mano. 

El as de luz fue reflejado de tal forma que fue a dar a los ojos del ave, el cual bajo los efectos de las magnificas visiones que aquel rayo producía comenzó a entonar su adormilante canto, sonido este que produjo que el granjero, el caballo y el monstruo que se encontraban en la laguna entraran en trance. 

El extranjero tomó dos trozos más de cera y los colocó en los oídos del granjero, quien despertó y se sobresaltó al verse desnudo, y aún más al ver a aquellas extrañas criaturas que frente a él se encontraban 
El pájaro comenzó a ver maravillosas cosas, comenzó a ver una deliciosa fruta, brillante con un color rojo suculento que la hacía apetitosa, comenzó al avanzar hacia ella, sintió el agua en sus patas y continuó avanzando, se acercó más y cuando estuvo suficientemente cerca dio un picotazo a la atrayente fruta y al hacerlo despertó de repente se encontró en medio de la laguna. 

El pájaro en medio de su visión había picado el tercer ojo de Emoc, estallándosele al monstruo su ojo en sangre, de forma que los rayos cesaron, Emoc emitió un rugido y del dolor levantó sobre las aguas de la laguna su rechoncho cuerpo terminado en dos grandes tentáculos, los cuales se estremecían vertiginosamente, el ave, que estaba junto a él, fue tomada por los tentáculos y al verse en gran peligro, en una desesperada acción por escapar, picoteo los amarillos ojos de Emoc uno tras otro, y fue tal el dolor del monstruo que apretó con todas sus fuerzas aquella maléfica ave de manera que se oyó el crujir de sus huesos y un agudo chillido antes de que el rechoncho ser con cara de sapo, entre rojizas burbujas se sumergiera en la laguna. 

Aquellos sucesos se presentaron de una forma tan violenta que el granjero no terminaba de asimilarlo, mirando con espanto aquellas aguas se encontraba cuando el extranjero le preguntó: -¿estás bien?- a lo que el granjero apenas acabó de asentir con la cabeza. -No debes preocuparte -continuó el extranjero- has visto el fin de los ladrones que acechaban estas comarcas, el ave encantadora ha muerto bajo los tentáculos del otro monstruo que habita en la laguna, quien no podrá volver a atacar porque está completamente ciego y seguramente morirá de hambre- y vistiéndole con su chaqueta el extranjero volvió con el granjero a la aldea. 

Por supuesto, nadie creyó la historia de aquellos hombres, el paso del silencio perdió su nombre, se oía el canto de las aves a lo largo de todo el camino real y cuando la primera carreta realizó su recorrido con bien hasta el asolado pueblo y volvió, se le dio al extranjero la recompensa, premio este que fue repartido con el granjero según lo convenido. Con su parte el extranjero compró un caballo y comida, comenzó a andar por el camino, el granjero al despedirse de él le dijo: -Si no me dices tu nombre ¿a quién le atribuiré la victoria que sobre esos monstruos has obtenido?- A lo que el extranjero contestó mientras se desvanecía a lo lejos en el camino: -Atribúyetela a ti mismo-.

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