"LATIDOS DE CARACAS" - Gisela Kozak Rovero

Por Georgina Uzcátegui G.
“El amor es una tentativa siempre inacabada, una proeza
de los sentidos corporales para llegar al conocimiento absoluto
del ser amado, que después de una experiencia feliz,
se revela conocimiento absolutamente relativo”.

ALFREDO BRYCE ECHENIQUE. Entre la Soledad y el Amor




En Latidos de Caracas comienza el desarrollo de la trama con una presentación que de los protagonistas, Sarracena y Andrés, hace un narrador ubicuo , omnisciente, con una elaborada, perspicaz y no carente de humor relación de los rasgos caracterológicos y sicológicos de aquellos , un acercamiento a los personajes en el cual, el narrador hace de nuestro conocimiento las ideas, los temores y la percepción que ellos tienen ( o creen tener) de sí mismos ; primero es Sarracena de quien expone de entrada, la presunta filosofía de vida de aquella: “Sarracena ha asumido que nada es posible sin un guión o al menos un buen escenario y una sencilla coreografía …”, y la siguiente consideración es esta frase que pasa a ser su declaración de principios: “- Estaré contenta a toda costa y que me perdonen los muertos de mi felicidad – comenta cada vez que puede, especialmente si se encuentra en tascas y restaurantes” ( Latidos de Caracas, Gisela Kozak, p. 11).

Constatamos así que estamos ante una personaje hedonista ( o que pretende dar entender que lo es) cuyo fin último de vida es el placer , por encima de consideraciones de índole axiológic; el carpe diem, el hoy y ahora, viene a constituir un dato esencial para entender la naturaleza de la posición escéptica ante la vida que modela la conducta de la protagonista; para que no queden dudas sobre la naturaleza lúdica que completa este primer acercamiento , el narrador nos pone al corriente, al fin de cuentas punto esencial de la idea de narrar, de las aficiones e inclinaciones que hacen del personaje lo que es, o lo que sea , a la final es parte de lo que buscamos precisar ,entre otro aspectos, en este ensayo “baila salsa, escala cerros, se la pasa balaceándose en el transporte público y camina con pasos cuyo ritmo responde a los latidos de Caracas” ( LDC, p.12) el narrador es un focalizador omnisciente detiene el proceso de información sobre la protagonista , insertando una reflexión sobre los inconvenientes de un planteamiento de vida en los términos antes expresados: “No son buenos tiempos para la gente tan dispuesta; según la opinión más extendida, la felicidad es inalcanzable - perro feliz engorda y de nada se purga, dicen los viejos sapientes – y de muy mal gusto en la dura década de los noventa pues, no cabe duda, ser feliz equivale a comer frente a los hambrientos” ( LDC, p.12)


Cuando la focalización va dirigida a Andrés vemos que su llamado a escena tiene abordajes similares, se trazas bosquejos de lo que él entiende o precisa comprender de la vida y de sí mismo: “Andrés ha asumido que nada es posible sin un largo, previo silencio y un ceder paulatino y pensado. Terquedad, demasiada juventud, debilidad a consecuencia de un orgullo herido por tempranas penas son causas de su disposición a la lentitud, a la medida” ( LDC, p.12)

En el muchacho encontramos presente, como en su contraparte femenina , las reticencias, dudas y cuestionamiento propios de las gente joven ( incluyo Sarracena pues esta no llega a los treinta años) que vive, sobrevive, en pleno final de milenio ( nos situamos en la década de los 90 del siglo pasado), en un país en donde la modernidad y la modernización siguen caminos divergentes, el proceso modernizador se iba en picada, en un incipiente postmodernidad que amenaza con echar por tierra valores, metarelatos e iconos , donde la transitoriedad, lo contingente, lo desechable pareciera ser la divisa.

Es en esta década, en que Andrés se desenvuelve , en la cual las tecnologías de de la información y de las telecomunicaciones están en pleno proceso efervescente, el acceso a internet es solo para algunos privilegiados, es el auge del Videoclip, en la publicidad de novedades de la industria discográfica y del novísimo CD, así en productos de índole diversa o como medio de expresión artística ; “ Desea (Andrés) hacer videos , quiere hilvanar historias cuyo único hilo, cuya única coherencia sea dada por el imperio de la música, de la analogía sin límites, de la sorpresa y estallido de imágenes”( LDC, p.12 ) y como corolario de este retrato .finaliza el narrador (¿narradora?) esta configuración del personaje masculino con la reflexión “ Buenos tiempos para los incrédulos en esta época escéptica, coronada por una minoría de hombres y mujeres bellos vestidos de ropajes oscuros, adornados con lentes de buena marca e inmersos en las tristeza sonriente” (LDC, p.13)

“Y entonces Sarracena conoce a quien quería conocer antes de saber que existía”
( LDC, p.14)

Con esta frase, que coquetea con las letras extraídas de un bolero o de otro género musical semejante, comienza a discurrir el tiempo de la historia , del relato en el cual buscaremos ubicar y entender las claves del discurso amoroso , desde distintos ángulos de apreciación ,que contiene esta novela , donde la sexualidad y el erotismo marcan su impronta de manera inequívoca, todo dentro del espacio narrativo que nos ofrece la urbe caraqueña.

Latidos de Caracas contiene elementos que se interrelacionan y se alimentan del contexto en que está inmersa, donde fluctúa, la relación de los protagonistas principales de esta narración : Ella, mujer de 29 años, arquitecta, divorciada, sin vivienda propia, con un trabajo mediocre, descendiente de emigrantes europeos, El , un joven de 19 años, estudiante de publicidad , soltero, que vive aún con sus padres, dependiente económicamente de éstos , de clase media alta. Ambos habitantes de la ciudad de Caracas, en donde los vemos actuar e interactuar

El contexto espacial, el espacio narrativo en términos más precisos, es Caracas, una ciudad situada ( y sitiada en el estado actual de las cosas en donde un discurso político y social polariza este espacio , extendiendo su cono de sombra al resto del país) , empotrada dentro de un valle cuyo desarrollo anárquico y rápido, sobre todo esto último , a partir de la década de los 50 del fenecido siglo XX , la han convertido en una especie de laberinto tubular en donde el tráfico, la inseguridad real e inducida , la contaminación sónica y atmosférica , las calles tomadas por una buhonería ( comercio informal si ha eufemismos vamos) impiden que sus habitantes y transeúntes pueden desplazarse sin sobresaltos, una urbe “tomada por asalto” por sus innumerables problemáticas, que la hacen cada vez menos vivible, para quienes desenvuelven sus vidas entre sus aceras, avenidas y cuadras, ríos de gentes impacientes y ciegas de tanto ver ( LDC, p.14), entorpeciendo para el peatón y sus vehículos , incluido el transporte público el libre tránsito por sus arterias viales , una ciudad que no puede ser disfrutada, caminada , por sus pobladores con libertad y parsimonia , con contadísimos espacios para los paseantes , sino siempre recorrida ha contrarreloj, como si una carrera de obstáculos se tratara, evadiendo obstáculos , saltando agujeros, cada día menos deseada, menos amada , es el urbicidio de una ciudad que sufre del mal de lo temporal, la ciudad “campamento” de la cual escribía con aguda propiedad José Ignacio Cabrujas , pese a que “ el espacio deseado no es de los inquilinos, ni de las asociaciones de vecinos , juntas de condominio, especuladores urbanos, ingenieros municipales, arquitectos o urbanistas; ni siquiera de los recién casados que buscan vivienda. El espacio deseado pertenece, en toda su plenitud, tan solo al paseante.” ( La Ciudad y el Deseo, Federico Vegas, p. 10)

El tema de la ciudad, de la urbe está presente en abundante literatura contemporánea, ensayos e investigaciones sobre los fenómenos sociológicos , en las relaciones que las personas hacemos con sus espacios y como interactuamos en el y con él ; transitamos sus calles y avenidas, comemos o y/o compramos en sus centros comerciales, tiendas, malls , tascas, ferias de comida rápida ; gastamos horas en colas ( en el tránsito, en los bancos, ante una taquilla de cualquier cine o teatro) siempre en tránsito, apurados, impacientes; nuestras relaciones afectivas, laborales, sociales giran en torno a esos espacios, la mayoría de ellos no lugares , revestidos como tales de transitoriedad, anonimato, trashumancia.

Los seres humanos nos recluimos más en nuestras casas, apartamentos, barrios, en bunkers conforme a el estrato social de cada quien, en donde nos atrevemos a socializar de una manera más empática o en apariencia más segura; los otros sitios, salvo las actividades antes descritas, son lugares de paso en la cual nuestras historias personales quedan excluidas, no dejan rastros en ellos.

Pero, no podemos pasar por alto que las ciudades son los que nosotros queramos de ellas, con independencia de que sus problemáticas nos afecten en el día a día, inevitable o inexorablemente vivimos influenciados por sus flujos de movimiento, por la dinámica que nos impone: “Evidentemente existen un sin número de ciudades. . La ciudad es simultáneamente real e imaginaria., vivida y soñada…, …En la Urbe coexisten distintos espacios y temporalidades. No existe únicamente el desplazamiento físico, sino también el deslizamiento de los sentidos, del sentido” (Ciudades Mediáticas. Aproximaciones a Caracas desde la Comunicación y la Cultura. Carlos Colina , pp. 13-14).

En una de estas “ciudades” es donde se produce el encuentro entre Sarracena y Andrés, , precisamente en una ciudad dentro de la otra, la Ciudad Universitaria , donde la arquitecta dicta una charla a propósito de ciudades, por invitación de un amigo de ella , profesor de Andrés; simpatizan y empieza el juego de la seducción , las miradas y sonrisas: “ Repentinamente ríen ambos ; son cómplices en proponer escenarios – podríamos ir un día al cine o a la playa o a … dice cualquiera de los dos -, coreografías – cierta manera de mirarse fijamente, de mover el cuerpo – y probablemente también guiones. Bailan varias veces…”; la gestualidad acude en su auxilio pues ambos estiman valioso el silencio como estrategia seductiva.

En este encuentro es la imaginación la que genera el interés que ambos sienten con reciprocidad, es allí donde comienza a generarse, el lenguaje son los gestos, la observación mutua, lo que no se dicen, pero queda la puerta abierta para que las palabras empiecen a “corporeizarse” : “R.H. Ni el uno ni el otro se conoce todavía. Es preciso pues relatarlo: he aquí lo que soy. Es el goce narrativo. Es lo que a la vez colma y retarda el saber, en una palabra , lo que reenvida…” (Fragmentos del discurso amoroso, Roland Barthes, p. 81)

Tenemos un vistazo de Caracas ,un paneo que podemos imaginar el primer plano de una película o de un documental , es un recorrido que hacemos a compartiendo las impresiones de la protagonista , desde el apartamento de sus familiares en la Avenida Victoria, hasta sus sitio de trabajo en una de las dos torres del Centro Simón Bolívar.

Sus pensamientos van desgranando impresiones visuales, auditivas, olfativas y táctiles de las distintas imágenes de la ciudad que pasan ante sus ojos, como un video clip: el roce con los demás pasajeros, el movimiento de la camioneta en que se desplaza, el calor, el lento pero progresivo deterioro de algunas estructuras arquitectónicas, la belleza latente de otras, podemos creer que estamos ante una poética de la imagen de esa ciudad ,que pese a sus innegables fallas de urbanismo, deja ver en sus intersticios su viejo encanto. Constatamos como se intercala este discurso con las nuevas sensaciones y expectativas que en Sarracena produce la probabilidad de encuentros futuros con Andrés; ubica como centro de acción de sus amores pasados en La Candelaria, zona de bares, tascas y moteles, lo no lugares, pese a concentrar un número considerable de parroquianos y transeúntes es el sitio en donde la presencia puede pasar desapercibida, camuflada o ignorada de las miradas de los otros. Andrés a su vez, se encuentra en un escenario distinto, insular, cielo abierto, aprecia su entorno con un mirada más relajada y en apariencia superficial, considerando sus propias inquietudes sobre Sarracena y su futuro.

En los sucesivos capítulos es la escalada de de una relación que es asumida de entrada como una atracción lúdica donde lo sensorial, y lo contingencial marcara las reglas del juego pero ; hay un cambio del lenguaje de los gestos al de las palabras , el de las medias verdades con una verbalización de la atracción creciente que el uno empieza a ejercer en el otro: “¿Cómo, el deseo no siempre es el mismo, esté presente o ausente el objeto? ¿El objeto no siempre está ausente? – No es la misma languidez: hay dos palabras: Pothos , para el deseo del ser ausente, e Himeros, más palpitante, para el deseo del ser presente” (Barthes, p. 35)

La intratextualidad está presente dentro de este relato, alusiones a canciones de corte popular, en momentos de tensión que se convierten en puntos de distensión y difumina el dramatismo que podría tener la escena , nos da datos sobre los elementos , pocos en realidad , pero bien distribuidos dentro de la narración que trivializan las connotaciones de tragedia que algunos comportamientos y diálogos entre los personajes podría desencadenar , los cuales quedan minimizados por la acción contenedora a tales pulsiones emocionales de esos eventos, que ese artificio procura mantener en su justa proporción.

La previsible encuentro sexual de los protagonistas saca a flote con solapada premura la las propias problemáticas, temores y reticencias ante el hecho amoroso, comparten una suspicacia común producto de experiencias truncadas, pero comienzan a establecer un dialogo en donde se intercambian toda suerte de información que los coloca ante el otro como un ser concreto , asumiendo el riesgo de hacerse vulnerables .

La sexualidad directa, prosaica en gestos pero franca, abierta , de “animal sano” que ellos disfrutan va llevándolos a buscar formas de complacerse mutuamente : invirtiendo los roles, ensayando formas de obtener más placer y prolongarlo con todos los sentidos, se van distanciando del entorno que los circunda, la ciudad queda como telón de fondo que cambia en la medida en que su fiancèe se ve impulsada por la necesidad de nuevos escenarios, rincones íntimos, anónimos, en los cuales disfrutar de ese mutuo descubrimiento, del goce recién estrenado ;van recuperando las palabras, los gestos y las sensaciones que los amantes se brindan, el objeto fantasmático da paso a el sujeto deseado, el lenguaje es el del erotismo , no es simple genitalización del encuentro sexual: …. El más allá erótico está aquí y es ahora mismo. Todas las mujeres y todos los hombres han vivido esos momentos: es nuestra ración de paraíso ( La Llama Doble. Amor y Erotismo, Octavio Paz, p.28)

La historia no sufre altibajos de consideración, salvo en aquellos momentos en que la pareja ha transparentado su código de amantes ante la madre de Andrés, ello le obliga a sincerarse con su amante, en ese momento la historia comienza en rápido movimiento de cámara ; el lenguaje se hace elusivo cuando se trata de establecer los alcances de la relación.

El punto de inflexión de esta novela parte del incidente anterior, pero es la ciudad la que empieza a emerger como un elemento hostíl, que agrede con sus dificultades espaciales, estructurales, ambientales , sociales; entra a sumar esta ecuación, el elemento político apenas embozado pero que comienza a demostrar las proporciones de su presencia, en la cadena de eventos que se suceden que remueven la ya oscilante base institucional, social y económica del país : intentos de golpe de estado, crisis y derrumbe del sistema bancario, colapso de los servicios esenciales producto de la desidia que empezaba ha comenzado apoderarse de las instituciones que tenían es responsabilidad, la urbe caraqueña pasa de ser una ciudad sitiada a una ciudad “tomada” por la polarización política , convertida en una “caja de resonancia” de tales conflicto hasta la fecha ( en palabras de la autora de esta novela) y por su deterioro estructural que se teme irreversible.

Sarracena se siente rechazada por su joven amante y por la ciudad en la que nunca ha terminado de encajar; Andrés siente a Caracas como un carrera de relevos tratando de superar los obstáculos que le impiden encontrarse con Sarracena. El equívoco en los mensaje que se han intercambiado, fragmentarios , dubitativos y a la final descarnados por precipitados, nos dejan ante un final abierto, en donde solo escuchamos , percibimos el pandemónium que reina en una ciudad a oscuras , en donde es posible un discurso cuyo sonido es intermitente, confuso de muchas maneras, pero que mantiene en esperanzada atención a sus habitantes y a quienes tiene la oportunidad de apostar a que sus latidos , los de Caracas y los de sus amantes puedan seguir marcando un compás de espera.

Instagram: @edicionesmadriguera